¿Qué es un refugio climático comunitario?
Para crear zonas verdes de abajo a arriba tenemos los refugios climáticos comunitarios.
Los refugios climáticos comunitarios son espacios accesibles que facilitan la conexión con la naturaleza y entre las personas. Espacios para refugiarnos del calor, de las lluvias o de otros eventos climáticos, pero también para compartir cuidados y crear comunidad.
El diseño de los mismos debe idearse por las vecinas y vecinos para cubrir las necesidades y deseos de la comunidad: sitios donde poder celebrar reuniones, organizar actividades festivas o simplemente encontrarse. Por ello, son espacios verdes, seguros, accesibles, colectivos y abiertos a todas las esferas del barrio, para que las vecinas los llenen de actividades y vida.
Se entiende como “refugio climático” cualquier espacio que mantenga una temperatura adecuada y nos ayude a combatir las olas de calor o de frío, lluvias y/o períodos extremos climáticos.
Aunque en principio parece que debería ser un espacio público, el término “refugio climático” se ha diluido y existen espacios privados de uso comercial, como supermercados o centros comerciales, que se autodenominan así por el hecho de tener aire acondicionado en sus instalaciones. Pero un refugio climático no debería incitarnos a consumir.
Del mismo modo, las probables prisas de ejecución para cumplir con la normativa sobre refugios climáticos plantean problemas a medio plazo, como la privatización y mercantilización del cuidado y de estos espacios, así como la desigualdad territorial. Por ello, para incorporar adecuadamente la dimensión comunitaria, feminista y de cuidados a la definición de refugios climáticos, proponemos la definición de “refugio climático comunitario”.

Derecho a la naturaleza
De las ciudades analizadas el 60 % de las personas no tienen acceso a zonas verdes
El derecho a un medio ambiente sano es un derecho universal. Pocas veces tenemos acceso a suficientes zonas verdes en nuestras ciudades, cuando más de la mitad de la población vive en las mismas. La renaturalización es una de las medidas para crear estos entornos y favorecer tanto la adaptación como la mitigación del cambio climático, enfrentando a su vez la pérdida de biodiversidad.
La renaturalización de las ciudades contribuye a la reducción de la temperatura y favorece la biodiversidad, pero además genera espacios de encuentro que mejoran la salud de las personas, tanto física como mental.
La destrucción de los ecosistemas está asociada a trastornos como depresión y ansiedad, así como a enfermedades como el cáncer, patologías respiratorias crónicas y cardiovasculares, entre otras, debido a los altos niveles de contaminación atmosférica y la inactividad física.
Aunque las ciudades apenas ocupan el 2 % de la superficie de la Tierra, generan el 70 % de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, por lo que es clave trabajar para mejorarlas. Son ecosistemas muy degradados. ¡Con muy poco podemos mejorar su valor ecológico y nuestro derecho a la naturaleza!
Regla 3|30|300
La “regla 3-30-300”, propuesta por la Organización Mundial de la Salud, es una manera de valorar si contamos con suficiente naturaleza a nuestro alrededor. La idea es que podamos ver 3 árboles desde nuestra ventana, que nuestro barrio cuente con un 30 % de cobertura vegetal y que a menos de 300 metros contemos con un parque decente.
Sería bonito, ¿verdad? Pero en realidad pocos barrios y ciudades cumplen esta regla, y el derecho a la naturaleza casi parece un lujo. Por este motivo tenemos que reclamar a nuestros ayuntamientos que se muevan, que dejen de asfaltar y cementar nuestras vidas y que empiecen a renaturalizar nuestras calles. Necesitamos espacios públicos de calidad y accesibles para todas las personas. Nuestra salud y bienestar depende de ello. Así que nos preguntamos: ¿al final salvamos a la naturaleza o es ella la que nos salva?
Construir comunidad
Necesitamos construir comunidad, construir nuestros barrios desde una mirada inclusiva y conectada con las personas y la naturaleza. Necesitamos reapropiarnos de las plazas, las calles, los parques para llenarlos de vida, llenarlos de creatividad: llevar a cabo actividades compartidas y generadas desde las necesidad de las personas que los habitan, y no de quien quiere hacer negocio con ellas. Queremos ciudades verdes y habitables, donde las personas no sean expulsadas de sus casas, y el derecho a una vivienda digna y a la naturaleza propicien ciudades llenas de comunidades donde la vida merezca ser vivida.






